viernes, 17 de agosto de 2007
De Ray Bradbury, Fahrenheit 451
"Por esto es lo maravilloso del hombre: nunca se desalienta o disgusta lo suficiente para abandonar algo que debe hacer, porque sabe que es importante y que merece la pena serlo".
De Isak Dinesen, Los soñadores, Siete cuentos góticos
"Si me pongo a pensar muy intensamente en lo que le ocurre a una mujer, a esa mujer única, no tengo por qué irme inmediatamente y convertirme en otra persona. Yo podría ser muchas personas. Seré muchas personas de ahora en adelante. No volveré a permitir que toda mi vida y todo mi corazón queden atados a una sola mujer; no volveré a sufrir tanto. A partir de ahora, deberá ser algo más que una sola persona; tienes que ser muchas, todas las que puedas llegar a pensar...".
De Drummond, Ben Ionsiana
"Una dama de calidad se enamoró con tanto frenesí de un tal señor Dodd, predicador puritano, que rogó a su marido que les permitiera usar de la cama para procrear un ángel o un santo; pero, concedida la venia, el parto fue normal".
De Jean Cocteau, Le Grand Écart
"Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
- Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
- No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan".
-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
- Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
- No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan".
De las mil y una noches
"Salomón, para castigarme, me hizo encerrar en esta copa que tú has abierto y la cerró con su sello, arrojándola en seguida a lo profundo de mar. Pasado el primer siglo de mi encierro, juré que al que me librase lo haría inmensamente rico; al segundo siglo, prometí hacerle rey de todos los tesoros de la tierra; pasados otros cien años, prometí hacerlo rey y prolongar los días de su vida. Cansado ya de esperar otros muchos siglos, y viendo que nadie venía a abrirme las puertas de mi encierro, desesperado al fin, juré que al que me pusiese en libertad le quitaría la vida. Este hombre has sido tú. Ya ves que no puedo faltar a mi juramento. Es preciso que mueras".
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
